miércoles, 7 de octubre de 2015

¿Verdad? Por Adrián Torres Marcano



      
      La verdad, provee de sentido en nuestras relaciones interpersonales e institucionales. Ésta se nos revela como una necesidad de confiar en las personas en los diversos ámbitos de nuestras vidas, es de un punto arquimídeo que permite orientarnos con seguridad en el mundo. Sin embargo, afirmar la verdad de alguna situación, argumentos y percepciones, exige de un esfuerzo para ir más allá de la elaboración sobre la realidad del sentido común, el cual, se presenta fragmentado, confuso, expresa prejuicios, preconceptos, diversidad de intereses sociales, políticos, morales, relaciones de poder, etc. De esta forma, al indagar sobre la verdad, se despliega un proceso de descubrimiento que permite diferenciarla de la imaginación, error o mentira. Siendo ésta ultima el modo más cuestionable por su carácter intencional.


     Actualmente, vivimos en una época, en la cual pareciera, que la verdad ha perdido su eficacia en dar un marco de certeza para orientarnos en la vida. Las diversas formas de manipular las certezas, aceptadas o impuestas, estableciéndose mediante un consenso que se reproduce sin cuestionamiento. Por ejemplo, cuando se coteja informaciones periodísticas, de varias fuentes informativas (radio, prensa escrita o audiovisual), se puede apreciar el abordaje de un suceso, desde la línea editorial, la cual determina el enfoque e intención del abordaje noticioso; al privilegiar sus criterios reelaboran el suceso ajustándola a su concepción; lo cual revela que hay varios mundos, realidades, sociedades, según la fuente informativa. Ésta situación, para una observador atento, deviene en duda; mientras que para otros muchos, se acepta el mensaje como algo verdadero, seguro y confiable.



 Aun cuando la verdad se considere un valor para nuestras vidas por el sentido que le otorga, cabe destacar que lo común ha sido, en nuestras sociedades, la aceptación de la ignorancia o el engaño. Vivimos en un estado de crisis de los regímenes de verdad; lo cual evidencia, que existen problemas que movilicen a las personas a buscar la verdad. Se asimila sin problema alguno, la lluvia de información que proviene del internet, lo expuesto por las ciencias, lo mass media, los políticos, la industria cultural, la propaganda etc; la reflexión respecto a si es verdad lo que se transmite, queda relegado o simplemente ignorado su carácter de problema en la vida personal y social.


Aun cuando la verdad se considere un valor para nuestras vidas por el sentido que le otorga, cabe destacar que lo común ha sido, en nuestras sociedades, la aceptación de la ignorancia o el engaño. Vivimos en un estado de crisis de los regímenes de verdad; lo cual evidencia, que existen problemas que movilicen a las personas a buscar la verdad. Se asimila sin problema alguno, la lluvia de información que proviene del internet, lo expuesto por las ciencias, lo mass media, los políticos, la industria cultural, la propaganda etc; la reflexión respecto a si es verdad lo que se transmite, queda relegado o simplemente ignorado su carácter de problema en la vida personal y social.

Otro aspecto inquietante, en cuanto a la verdad, es su relación en el quehacer educativo, que juega un papel de suma importancia, ya que la organización curricular de sus contenidos y las estrategias educativas mayormente usadas por los docentes, en los diversos niveles de la educación, no contribuyen en el estimulo en la formación crítica de niños, jóvenes y adultos. Se preparan a las personas para afirmar la obviedad, la dimensión ética de la verdad se desdibuja en la preocupación educativa. Hay un esfuerzo en generar contingentes de seres humanos aptos para reinsertarse en una realidad instrumentalizada, con una actitud de aceptación acrítica de prejuicios y dogmas de diversa índole (religiosa, ideológicas, etc), que en el peor de los casos, terminan por fanatizar a diversos grupos sociales hasta llegar a niveles profundo de violencia e intolerancia.


La búsqueda de la verdad, en este contexto, es una cuestión voluntaria y deliberativa, que cada persona asume en tanto decisión particular, deseo de saber. El esfuerzo de afirmación de la verdad, exige la comprensión de la realidad, se nos muestra como una decisión, que se ejerce por decepción, espanto, inseguridad o por dudar de aquello que se asume como obvio, lo cual, deja de satisfacer en tanto explicación de la realidad, generando inquietudes y necesidad de examinarlo. Abriendo el camino a la admiración de la novedad, a la posibilidad de la apertura a nuevos horizontes de comprensión de nuestras vidas y de relaciones entre las personas. Exigiéndonos cierta distancia ante la realidad y sus marcos de creencias y certezas establecidas. De allí, que la reflexión sobre la verdad, no es preguntarse por el ¿qué es la verdad? Si no, cuál es el sentido de la verdad en nuestras vidas.



2 comentarios:

  1. Te has apropiado muy bien de la crítica de la razón instrumental, y las pedagogías a-reflexivas que sistematizan ideologías ha prevalecido como una constante desde la aplicación de los ideales ilustrados. Teóricamente se sostiene el ideal de hombre ilustrado, pero en su praxis la modernidad no pudo sentar bases. De ahí el pensamiento y crítica posmoderna que implícitamente mencionas.
    En la construcción de la verdad diré por otro lado, que hay formas académicas de detectar falacias y argumentos inválidos que no llega a la totalidad. La verdad es un espectáculo. Pero eso depende de la política.

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  2. Totalmente concuerdo con tu afirmación; "La verdad es un espectáculo. Pero eso depende de la política". El carácter espectacular de la verdad, se impone; la escuela, los mass media, etc., éstos contribuyen a generar un conformismo pasivo, de aceptación de la “verdad” de alguien o algunos, ante y sobre la realidad de muchos. El umbral entre lo gnoseológico y la política se diluye, y la gnoseología, expresamente o tímidamente, camina al son de ese espectáculo. ¡Bienvenida!

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