A la
práctica educativa de todo trabajo docente, le subyace una implicación
epistemológica, sociológica, psicológica y pedagógica determinada. Es
decir, que el trabajo realizado por el maestro dentro y fuera del salón de
clases, se relaciona directamente con la concepción de aprendizaje, alumno
y sociedad que posee éste.
Así pues, el
que el maestro esté consciente del papel que desempeña dentro del aula, y
la base teórica en que se fundamenta, creemos que es determinante para que
el profesor se convierta en un intelectual transformativo, y deje de ser un
simple técnico especializado en didáctica.
Cuando
hablamos del docente como intelectual transformativo, nos referimos a un
profesor que es capaz de crear sus propios contenidos tomando en cuenta los
intereses, necesidades y características de sus alumnos; que no parte de
esquemas acabados del conocimiento, sino que a partir del contexto del
alumno es capaz de propiciar la construcción de saberes; que su práctica
no responde a esquemas autoritarios reflejo de una sociedad antidemocrática
basada en la explotación del hombre por el hombre, en el lucro material y
el caos económico. El profesor como intelectual transformativo,
pretende construir, en conjunto con sus alumnos, una sociedad menos injusta
y más humana.









