| Domingo, 10/03/2013 11:41 AM
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La muerte es nuestra herencia. Lo único que nos hermana es la despedida. Al irnos dejamos cenizas y quizá algunas obras.
2
Desde la eternidad no hay actos. La obra sobrevive por el consenso que
suscita. Nuestra carne se extingue, el pensamiento sobrevive.
3
En vano intentaron sofocar el ideario de la izquierda insurrecta del
pasado siglo por vías de exterminio o claudicación. Hugo Rafael
Chávez Frías lo resucita en la centuria que amanece; a él lo salva el
pueblo de acechanzas cada vez más feroces.
4
El primer rescate arranca el 4 de febrero de 1992. Un grupo de jóvenes
oficiales indignados por la masacre del 27 de febrero de 1989 fracasa en
una rebelión militar. El desconocido teniente coronel que la encabeza
admite su responsabilidad y es sepultado en las fauces de una prisión
militar, quizá por décadas. El pueblo lo visita en ininterrumpida
peregrinación, rodea el cuartel San Carlos y convierte la derrota
estratégica en aclamación política. Cuando el presidente Rafael Caldera
traslada al incómodo recluso a Yare, el pueblo se indigna al punto de
que se teme una nueva insurrección popular, y el padre Arturo Sosa media
para conjurarla. Entiende Caldera que no conviene un preso con más
respaldo popular que el Presidente, y a través del indulto Hugo Chávez
Frías es rescatado por primera vez por su pueblo desarmado de la muerte
de una prisión militar interminable.
5
La derrota no tiene amigos. Sale a la calle un ex oficial sin carrera y
sin medios, a quien un espionaje minucioso impide ni siquiera soñar en
una rebelión. Apenas se le acercan los izquierdistas que antes que él
han gustado el sabor de la cárcel y la inminencia de la muerte, el
pueblo que lo convence de probar la vía electoral cuando la
automatización del sufragio abre por primera vez la perspectiva de unos
comicios veraces. Y una avalancha de votos rescata a Hugo Rafael de la
muerte por olvido.
6
El poder atrae oportunistas. A su alrededor pululan aquellos a quienes
Manuel Vicente Romerogarcía llamó Nulidades Engreídas y Mediocridades
Consagradas. Toda lealtad tarifada es sospechosa. Al joven Presidente lo
asaltan hordas de figurones del populismo que se travisten de
bolivarianos para entrar en la comparsa del privilegio, jaurías de
oligarcas dispuestos a manejarlo. Cuando no los obedece, le asestan un
golpe de Estado, lo secuestran, lo envían prisionero a la capilla
ardiente de La Orchila. Una nueva marejada popular, esta vez unida con
el ejército patriota, rescata a Hugo Rafael de su tercera muerte
anunciada y lo devuelve a Miraflores.
7
Sólo ante la muerte comprendemos el valor del instante. Quince veces se
juega el todo por el todo Hugo Rafael en la arena del consenso, catorce
veces lo rescata el pueblo confiriéndole poderes para lo indispensable.
Como si tuviera los segundos contados, en poco más de una década acomete
tareas pendientes desde eternidades: rescate de los recursos naturales y
de las industrias que los explotan, derrota del analfabetismo y de la
exclusión educativa, extensión de servicios sociales a las grandes
mayorías, drástica reducción de la pobreza, contundente disminución de
la desigualdad, creación de medios de servicio público, alternativos y
comunitarios, recuperación de industrias estratégicas, integración
latinoamericana y caribeña, mediación a favor de la paz; orientación
hacia el socialismo, creación de comunas y organizaciones sociales,
rescate de la identidad, tradición y orgullo de los venezolanos,
expulsión de la misión militar estadounidense, inconmovible unión de
pueblo y ejército, constante consulta y aceptación de la voluntad
popular; veto de leyes que privatizaban las aguas y secesionaban la
Nación, derrota del ALCA, aurora del ALBA, rescate de la soberanía
vulnerada por Cortes y Tribunales foráneos, instauración de una
diplomacia multipolar. Parecería haber más tareas que instantes de vida:
todas las asume hasta que una misteriosa enfermedad lo abate en la
plenitud de su poder, sus facultades y sus esperanzas.
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Triunfó siempre Chávez donde lo acompañó su pueblo, venció siempre el
pueblo incluso cuando llegaron a su límite las fuerzas de Chávez. Ante
la pérdida, crecernos. Manteniendo y culminando su obra entre todos lo
rescataremos también de esta muerte y lo restituiremos incólume al
invulnerable palacio del alma.